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Fray Leopoldo

Por José Barragán - 24 de Agosto, 2007, 11:10, Categoría: General

Queridos amigos : Os preguntaréis, qué hago yo aquí hablando de Fray Leopoldo?. Muy sencillo y fácil: Uno de mis 16 tatarabuelos era también el abuelo de Fray Leopoldo. Así que con ese derecho de un lejano vínculo de sangre, intentaré con mis palabras reconfigurar con mayor amplitud y profundidad la morada e imagen que hoy en día tiene Fray Leopoldo entre nosotros.


Eran las doce del mediodía de un 29 de Junio de 1864, se escucha el penúltimo toque de campanas para Misa Mayor del día de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Los esposos: Diego Márquez y Jerónima Sánchez se dirigen por las empinadas cuestas de Alpandeire hacia la Iglesia Parroquial a participar de la santa misa y a bautizar a su hijo recién nacido cinco días atrás, un caluroso 24 de Junio.

"Yo, D. Antonio Vallecillo Sánchez cura propio de esta parroquia, te bautizo solemnemente Francisco Tomás de San Juan Bautista en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Dicen…, que al derramar agua bautismal el cura párroco sobre aquel niño, la madrina Josefa Márquez, ensanchando los horizontes de su alma profetizó: "Este niño que acabamos de bautizar será flor para siempre". Sin duda se refería a una Flor de Humildad. Humildad que es simplemente el restablecimiento lento y persuasivo de la confianza en el conocimiento de nosotros mismos, más que en las incertidumbres de conducta, de ese absorbente acopio de modernos servilismos de la razón y que en Fray Leopoldo su humildad fue el perfume de la inflorescencia y fructificación nacida del perenne rizoma de la verdad de sus valores humanos.


Cuentan que en visita a los Santos Lugares, a S. S. Juan Pablo II le preguntaron en tertulia amistosa en su homenaje, que por qué Dios no hablaba al hombre como hizo en tiempos pasados. Su Santidad dio la palabra a los asistentes; un budista comentó que las cosas irían bien sólo con que la gente siguiera la noble vía de las ocho etapas; un católico contestó que sólo con que la gente tuviera fe en Dios, tendríamos un mundo mejor; un filósofo racionalista insistió en que nuestros problemas tendrían solución si la gente fuese más inteligente y razonable, finalmente un rabino con profunda reverencia e inclinándose comentó: Hoy en día Santo Padre ya no hay nadie que pueda humillarse lo suficiente. Si hubiese asistido nuestro Fray Leopoldo de Alpandeire aseveraría: Si no te haces pequeño, qué sentido tiene mirar las estrellas?. Esa respuesta da en el clavo.

El hombre moderno no comprende hasta qué punto su " apolíneo racionalismo" ha abierto una peligrosa grieta que por momentos se va ensanchando haciéndole anular e ignorar sus valores espirituales; tiempos de hoy en que esa diosa razón parece ha desintegrado nuestra tradición espiritual y moral; da la sensación de que se ha perdido el sentido de la vida, la organización social y familiar parecen que se desintegran, nos sentimos a veces como despojados de nuestra personalidad subjetiva, nuestro fondo mental parece no tener otra finalidad que evadir, descuidar, desdeñar y reprimir las cualidades positivas del ser humano…y todo ello nos hace pagar el precio de esa rotura o fisura manifestado en confusión, desorientación y disociación psicológicas extendidas por todo el mundo. Ha crecido sin duda el conocimiento científico pero nuestro mundo se ha ido deshumanizando; se hace necesario esforzarse por buscar esos valores referenciales como la humildad para entre otras cosas poner a prueba y abandonar nuestros personajes mentales y reencontrar nuestra personal identidad. La verdad psicológica y evidencia metafísica que podemos sacar de ello, es que tan sólo cuando con humildad iluminamos la profundidad oscura de nuestra alma, nos esforzamos por cartografiarla y exploramos psicológicamente las intricadas vías del destino humano, se hace paulatinamente manifiesto cuan grande y necesario es el influjo de ese complemento, contenido y símbolo para nuestra conciencia como es el discurrir de la vida de nuestro paisano Fray Leopoldo de Alpandeire, quien desde el jeroglífico de su corazón reiteraba con el diario ejemplo de su vida, que esa imagen de Dios siempre se manifiesta en nosotros en actitudes de: Amor, prudencia, justicia, moderación, sabiduría, equilibrio, esfuerzo, servicio y entrega al prójimo o como dijo a los novios Paquita Rico y José Sierra en Granada en 1950: "Al final de nuestro andar nos damos cuenta que sólo poseemos aquello que hemos dejado en el camino".

Poco sabemos de la infancia de Fray Leopoldo y sí de la precariedad y miseria de aquella época de nuestra tierra andaluza en que el pan de antaño tenía sabor a sudores, tomillos y jaras al igual que el ir descalzo era la nota dominante de aquellos años, aspirando en algún acontecer o evento ponerse unos alpargates realizados de pita y esparto, plantas semidesértticas que se crían en estos terrenos. A pesar del abismo que nos separa de su época he disfrutado escuchar en los años 60 a mi abuelo Diego Barragán Macho sus vivencias en Alpandeire oídas de su madre y bisabuela mía, Paula Macho Camarasa coetánea y vecina puerta con puerta de los padres de Fray Leopoldo.

Dicen… que la infancia es importante porque es durante dicho período cuando se forma en el alma del niño los sueños e imágenes esperanzadores que condicionan todo su destino. La infancia de Fray Leopoldo es inseparable de Villa Fría, aquel minúsculo trocito de tierra o navazo robado a los peñascos y pedregales de la Sierra de Jarastepar para poder sembrar unas cuartillas de trigo y no faltar ese pan en casa que llevarse a la boca de vez en cuando junto con unas cabrillas y ovejas que guardar y cuidar para sacar algo de leche y queso con qué alimentarse. Y poco a poco, día a día…en aquellos aires y aromas de Villa Fría impregnados de: poleo, retamas, ahulagas, juagarzos, tomillos… en aquellos sonidos y silencios de la Naturaleza, va aprehendiendo y presiente Fray Leopoldo la Voz y Lenguaje de Dios. Un lenguaje por supuesto exento de arrogancia, histeria, empecinamiento doctrinario, arte de pacotilla, chapucería espiritual, tartamudeo filosófico, utopía fraudulenta.


Y Fray Leopoldo de Alpandeire, con atención, concienzudo esmero, paciencia y cuidadosa observancia recibió con humildad y amor aquella belleza estética del paisaje, aquellas estrellas que brillaban en el cielo, el viento que agitaba las hojas de los árboles, las fuentes y manantiales que corrían rumorosos hacia el Valle, las tierras y piedras que pisaban sus pies descalzos, ese entrevero de ramas y ramillas que esconden la visión del cielo, el silencio de aquellas montañas, la sombra maravillosa de esa bóveda libre y densa de las estrellas… todo despertaba en él un piadoso estremecimiento de ese poder infinito que actúa en el Universo. Todo ello iba configurando el núcleo más íntimo de su psique o "sí mismo" que como elan vital fue dando una nueva orientación creativa y espiritual a su vida implicándola en transformación y búsqueda de esa aventura interior rica, interminable y llena de posibilidades. Y es que como decía Santa Teresa de Jesús a sus monjitas: " La capacidad de llegar a entender ese Lenguaje de Dios es contraste o certificado de garantía de lo que comúnmente llamamos: genio y santidad".

Y así Fray Leopoldo, en progresiva aspiración íntima fue edificando sobre aquellos cimientos de su interior un mundo espiritual que resistiera los asaltos y embates de las impresiones de los sentidos; un mundo ajeno a opiniones, convicciones, teorías, extravíos psíquicos, fugitivas y volubles imágenes de fantasía…y aprendió a amar esa influencia seductora de la luz, del paisaje, de esa cierta armonía donde los sonidos no los arrebata el tiempo o donde la Luz no ocupa lugar o esa fragancia que no la esparce el aire. Por eso Villa Fría fue su primer ritual de acercamiento al esplendor del Dios reflejado en aquella nuestra tierra y paisajes…. como esa palomilla que anhelando la luz imperecedera en aspiración apasionada se aproxima a la llama de la Luz hasta que se quema y abrasa. Villa Fría comenzó a ser para Fray Leopoldo, como ese trasfondo sobre el que resaltó el esplendor sonriente de su vida.


Allí nació su vocación religiosa; caminando por veredas, rastrojos, caminos y vericuetos en búsqueda de esa allendidad de su esperanza en intento de arrancar un destello a lo divino que configurara el fundamento de su verdad. Y allí… en Villa Fría nació ese deseo tan importante de acercarse a Dios, un deseo tan íntimo que imprimió a Francisco Tomás la propiedad estética y moral de lo bueno, valioso, bello, sabio y profundo. Y a partir de entonces ya en su juventud empezó a vivir y caminar con ese impulso arraigado en lo más profundo de su ser humano. Aprendió a llevar dentro de sí lo espontáneo, ansioso reflexivo, razonable, controlado, meditado y coordinado; y llevar ese deseo en sí de Dios quiere decir mucho: Es garantía de felicidad, fortalecimiento, seguridad, omnipotencia para recogerse en sí mismo y descubrir o restaurar en su corazón la imagen de Dios, ese Dios de…"tuve hambre y me disteis de comer, estaba enfermo y vinisteis a visitarme, tuve sed y me disteis de beber…" y aquellas estrellas nocturnas de Jarastepar y Villa Fría fueron testigos de su fe, del alcance de la visión de la Luz.


Y aquel deseo de consagrarse a Dios se hizo tan propio y suyo que no pudo retroceder ante la eternidad ; una eternidad reflejada en las sombras de sus sensaciones y pensamientos anhelantes que daban sentido a su vida. Comprendió que aquel reflejo e imagen de Dios reflejado en estos lugares de Alpandeire eran coherentes y unísonos con ese mensaje de San Francisco de Asís, cuyas primeras semillas fueron plantadas por los franciscanos allá por los años 1500 en este Valle del Genal. La asistencia a Ronda a finales del siglo XIX durante el proceso de Beatificación de Fray Diego José de Cádiz canalizaron definitivamente sus inquietudes espirituales hacia ese espíritu franciscano-capuchino.


De regreso a Villa Fría, guardando cabras y ovejas intuyó que….En estas tierras de Alpandeire por primera vez se creó el Sonido para que miríadas de oídos surgieran para oír…por primera vez en estos lugares se creo la Luz para que miríadas de ojos surgieran para ver y por primera vez en estas tierras lo Eterno creó el Amor para que miríadas de corazones surgieran a la vida. Y así, en ese caleidoscopio de su alma se combinaron aquellos sonidos, luces y sentimientos de una estrella (su vocación religiosa) que precedía a la creación de un nuevo mundo para él. Y aquellos pensamientos y sensaciones hechos ya impulso y deseo fueron como aquel beso nocturno que vio una estrella y también la Luna que lo reflejaron en el mar. Y el mar lo dijo a un marinero y el marinero lo transformó en canción que esparcieron los aires por los cuatro vientos como legítimo atributo de la fuerza del destino que nos introduce en la vida.


"Ante mi el día, tras mi la noche; sobre mi el cielo y debajo… los caminos por andar" dicen que le dijo Francisco Tomás (Fray Leopoldo) a su novia Antonia Medinilla cuando le comentó que Dios le llamaba para servirle. ¿Como podemos saber lo que Dios quiere de nosotros en cada momento? Ello no es fácil. Y ella, Antonia Medinilla, intentó comprender ese sufrimiento de Francisco Tomás, un sufrimiento que contenía el encanto, secreto e invocación dirigida hacia la divinidad; comprendió que su deseo y vocación religiosa era como ese reflujo que corría hacia las verdaderas fuentes de la vida, que nada tenía de absurdo en sí aquella esperanza de Francisco Tomás porque su fe la dirigía.

Y ella, como lo amaba entendió su vocación, comprendió que la incomprensión e incapacidad de amar es quien arrebata a los seres humanos su posibilidad de ser feliz. Ella comprendió en su sufrimiento que la fe es carisma para quien la posee pero no es camino fácil para quien necesita entender algo antes de creerlo. Y aquellos dos ojos de Antonia Medinilla como dos lagos azules entre juncos de esperanzas, se pusieron llenos de lágrimas, pero en esos ojos borrosos por el llanto comprendió que el Cielo sólo es Cielo cuando vuelve a ser hallado y encontrado porque sin lugar a dudas y desde el principio de los tiempos, la dignidad humana siempre ha sido la raíz que alimenta la grandeza de Dios.


Y Francisco Tomás, (Fray Leopoldo) quiso también despedirse de aquellas sus tierras y su pueblo, de aquellas noches en que cuando dormían las estrellas parecía respiraban los dioses, de aquella bóveda estrellada e infinita ante quien la medusa de su mente soñaba aquella vida primera hacia la cual se escurría su alma a través de los siglos del recuerdo. Elevando sus ojos al cielo en una noche estrellada comentó: ¿Quién soy Yo, Señor, en estas luces y tinieblas sino Tu Voluntad?. Fueron sus palabras de despedida a aquella su tierra antes de partir en tren hacia el convento capuchino de Sevilla donde un 16 de Noviembre de 1900 hizo su primera profesión como lego capuchino, viviendo cortas temporadas como hortelano en los conventos de Sevilla, Antequera y Granada emitiendo sus votos perpetuos en la Ciudad de los Cármenes el 23 de Noviembre de 1903 donde residiría para siempre como hortelano, sacristán y limosnero durante algo más de medio siglo al servicio de los pobres a través de la caridad, sencillez y humildad que como razón de su existencia, mostró en su discurrir limosnero muchas veces descalzo por las gélidas y frías calles de Granada como luz humilde que desvanecía las sombras de la soberbia y necedad ilustrada.


"Déjame morir como viví… con fe, y que no dude aunque el Universo se derrumbe", dicen que comentaba Fray Leopoldo labrando patatas, hortalizas y verduras en el convento capuchino de Sevilla. También escuché decir, que un día el Provincial de los Capuchinos le preguntó a Fray Leopoldo si tenía preferencia por alguna ciudad en concreto."Donde quiera que esté, procuraré servir al Señor lo mejor posible", fue su respuesta. El Padre Provincial asintió con su cabeza a la vez que comentó en voz baja:" Tú, Leopoldo, serás el Nuevo Apóstol de Andalucía". ¡ Ojalá sea así… por ello estamos hoy aquí¡


Este encuentro de hoy o jornada franciscano/capuchina sobre Fray Leopoldo de Alpandeire es para nosotros, amigos todos de Fray Leopoldo, como el haber tropezado con una reliquia del pasado que nos separa de su época y une al tiempo; y estamos aquí para entre otras cosas: Apoyar esa verdad aclamada desde hace medio siglo; para dar testimonio de una vida humilde y de caridad que Dios quiso mostrar en este pueblo de Alpandeire para imitar desde luego si somos capaces y también cómo no mostrar ese apremio a la Iglesia Institución de que Fray Leopoldo de Alpandeire no puede ser el santo olvidado del siglo XX, porque este frailecillo capuchino es ya un Símbolo de transformación del ser humano y como tal pertenece a la historia de la vida humana y jamás desaparecerá de la realidad psíquica colectiva, porque ese delirio colectivo hacia Fray Leopoldo de Alpandeire es ya consubstancial al hombre de hoy. Diría, que un Símbolo es esa imagen de un contenido que trasciende el mundo de la conciencia, una imagen que yace más allá de la razón humana, más allá de donde no puede pasar nuestro conocimiento… o para hacerlo más entendible, símbolo es simplemente lo que se cree siempre, en todas partes y por todos a pesar de vivir en unos tiempos de intrigas, consumismo, jactancia, falsas apariencias, egoísmo, vanidad, avaricia, posesión… Por eso necesitamos esa llave que abra las puertas secretas detrás de las cuales hay una parte de nosotros a descubrir y transformar a la vez que nos haga percibir los sufrimientos y problemas de los demás y sus valores. Y Fray Leopoldo de Alpandeire nos puede servir en esa misión de renovación, mejora y transformación de nuestra vida cotidiana, porque como le dijo a mi abuela Paula Macho Camarasa en su última visita ya de fraile a Alpandeire allá por los años 1940…" Saber en qué se equivocan los demás es de poco valor; lo importante, interesante y valioso ante Dios está en reconocer aquello en que falla uno mismo". Cuentan finalmente que un día, junto a las puertas de un Instituto de Bachillerato de Granada, unos mozalbetes le preguntaron a Fray Leopoldo que si era bueno ser libre. El les contestó: "Si podéis usar vuestra libertad para crear algo que tenga sentido y significado, es importante que seáis libres". Me gustaría terminar con esta reflexión franciscana: ¿Cuánto tiempo podrán los seres humanos triunfar sin caer víctimas de sus propios errores y de ese orgullo que les sobrepasa a sí mismos o en términos mitológicos ser pasto del celo de los dioses?.



José Barragán Gutiérrez, es Maestro de Enseñanza Primaria y Secundaria e Instructur de Educación Física.